Desde tiempos ancestrales los niños han jugado con globos en sus cumpleaños. Antes lo hacían con vejigas de animales infladas a pulmón, luego con globos de goma y, a día de hoy, con modernos globos a base de látex. Si los globos no existieran habría que inventarlos para poder entretener a “esos locos bajitos” que canta Joan Manuel Serrat. Sin ellos todo sería más aburrido, menos colorido y menos estético.

Pero, ¿alguna vez os habéis preguntado cómo se fabrica un globo de látex en Globolandia? ¿De dónde salen? ¿Pixar podría hacer una película de animación del proceso? Lejos de lo que pudiera parecer, el proceso es bien sencillo.

Primero, se vierte tinta en un tanque y se pasa una escobilla para eliminar los posibles grumos. Unos agitadores en el fondo del tanque lo mezclan durante cerca de 15 horas, lo que hace que se active el color y que el látex se mantenga activo y no se congele.

A continuación, unas boquillas humedecen los moldes con agua caliente a medida que pasan por unos rodillos. Más tarde, un dispositivo gira e introduce los moldes en un tanque de coagulante que lleva una carga electroquímica que atraerá el color del látex. El látex se seca rápidamente, al tiempo que una cinta transportadora hace que giren por unos cepillos creando la célebre “boquilla” de los globos.

Luego, los globos son sumergidos en un tanque de agua caliente y están en remojo durante, más o menos, 16 minutos. Este proceso es vital ya que de esta manera se eliminan todas las impurezas, entre ellas una proteína que provoca alergias al látex. El proceso continúa con un simple baño de talco y agua para que sea más fácil la extracción del molde. ¡Y ya está!